2010-10-18

ETXETXOA

Txikia nintzela, gurasoek lagundu zidaten etxetxo hau egiten. Orain berrogeita hamar urte ditut eta, noski, oso gutxitan erabiltzen dut, baina gaur, bai, gaur erabili beharra izan dut. Gaur bolatxo zoragarri eta lagungarri honetan ezkutatu egin naiz.
Nik beti izan naiz gamberrotxo bat. Txikitan txantxa asko egiten nuen eta etxe hau egin nuen ezkutatzeko. Baina ez ziren garrantzirik gabeko txantxak, oso pizuzkoak ziren.

2010-10-04

MI VIEJO LÁPIZ

En el estuche se encontraba una multitud de rotuladores, boligrafos, gomas y otros objetos diversos. Perdido entre todos ellos se hallaba un viejo, pequeño y gastado lápiz.
¡Ahora me acuerdo! Ese fue el lápiz con el que aprendi a escribir:
- Hace unos años, cuando yo tenía 5 años, fui con mi madre a comprar los libros y todo para el colegio. Compramos todo menos los lápices, se habían agotado. Cuando nos subimos al coche vimos que teníamos poca gasolina y fuimos a la gasolinera. En la gasolinera había mucha cola y teníamos que esperar mucho. Pero nos fijamos en que había un señor que estaba vendiendo lápices. Entonces fuimos a donde él y le compramos un lápiz. Cuando nos metimos en el coche, el lápiz se me enganchó en la puerta y se le quedo una marca inolvidable. El primer día de clase, no me tocó con ningún amigo, y nadie me conocía. Para aprender a escribir nos hacían hacer ejercicios muy simples. Yo cuando llegué a casa estaba desilusionado, pero al intentar escribir una carta a mi padre, me di cuenta de que sabía escribir, y de que esos ejercicios eran muy útiles.

Esta es la historia en la que aprendí a escribir.

MIGUEL HERNANDEZ

Miguel Hernandez fue un gran poeta y dramaturgo español. Nacio en Orihuela, Alicante el 30 de octubre de 1910. Escribio muchos poemas famosos. Miguel Hernandez fallecio de tuberculosis en la prision de Alicante el 28 de marzo de 1942 con solo 31 años.
Este es un poema de Miguel Henandez


LAS ABARCAS DESIERTAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda la gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.